Feliz Cumpleaños

Que difícil! qué difícil desearte unos felices 40 cuando ya no estás aquí. El pachangón que se iba a armar, los planes de irnos a Disney con Anel y el Frijolito, todo lo que habíamos planeado para este año se esfumó en una semana.

Una llamada, una enfermedad inesperada y en una semana, te esfumaste y te llevaste contigo todos los planes que teníamos para el futuro, la empresa, los viajes, el crecimiento, la chingada ABUNDANCIA de la que hablábamos cada quincena.

Estoy muy enojada contigo, pero también profundamente agradecida por la absoluta confianza que depositaste en mi a ojos cerrados para dejarme trabajar desde casa, para no llamarme nunca con presión alguna, porque me lo dijiste mil veces, tal vez no con palabras, sino con acciones, que confiabas ciegamente en mis procesos y me dejaste ser libre y hacer de nuestra chamba una en la que ambos estuviéramos tranquilos siempre y cuando hubiera resultados.

Lo último que te dije aún resuena. «No puedes dejar a tu esposa e hijo solos por una pendejada» ese miércoles no me imaginé que el sábado ya no estarías. Aún no me cabe en la cabeza tu ausencia, el ya no recibir tus fotos con nombres raros que te ponían en el Starbucks, tu acento cubano cuando me marcabas por teléfono -Aló!!, aaaaaaloooo, Mono, aló!, desde qué parte del mundo te conectas Mono, aló!.

Estoy enojada, estoy triste, estoy sorprendida. Me parece increíble lo que pasó y que tal cual pasa en las películas, la noticia de tu partida siguió de un zumbido en mis oídos que me dejó sorda por segundos… QUÉ?!?! NO! no es cierto!!! Aún no lo creo, te me vienes a la cabeza, veo tus fotos, no lo entiendo.

Eliot, no sabes el gigantesco espacio que tenías en mi vida, ahora te lo digo, tu ausencia duele muchísimo, desde aquí hasta donde estés amigo, socio, hermano, sé que estás tranquilo y en paz, porque tuviste a bien en decírmelo en ese sueño al día siguiente que te fuiste, tendré cuidado, tal y como me lo pediste también ahí y como te lo prometí, tu familia, tanto la de de la empresa, como Anel y Bernardo siempre podrán contar conmigo, para lo que sea, así como tú supiste siempre que podías contar conmigo.

Feliz cumpleaños cabrón, donde quiera que estés, te mando un abrazo.

Aló, Eliot… de qué parte del universo te conectas? Porque te extraño hermano. Felices 40!

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Responsabilidad

La RAE define responsabilidad como:

Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuentias de un hecho realizado libremente.

Cargo u oblicación morel que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado

Llevo ya muchísimo tiempo tratando de escribir esta entrada, no sabía como hacerlo porque iba a recaer sobre mi una responsabilidad que no estaba lista para adquirir, la entrada fue morfando con el paso de los días, las semanas y los meses y dejé de lado la responsabilidad de la que me hice acreedora hasta olvidarme del tema.

En noviembre pasado y luego de mucho tiempo sintiendo el llamado de la medicina logré encontrar un lugar en el que me sentí lo suficientemente cómoda para tomarla. Estoy hablando de la ayahuasca.

Sé que la gente que convive conmigo se imagina que soy una persona muy valiente y que me aviento a la vida sin miedos, pero no hay percepción más errónea de mi que esa. Soy alguien que se debate entre miedos todos los días, TODOS LOS DÍAS, pero no me paralizan, simplemente los trabajo a diario y hago lo mejor que puedo para sobrellevarlos y a veces superarlos.

La medicina, la abuelita, la ayahuasca se me manifestaba en muchas formas, oía hablar de ella en todos lados, en todos los documentales, en todas la conversaciones, con todas las personas hasta que dije. OK! te voy a escuchar! pero toma nota… Tengo miedo, tengo miedo de quedarme en el viaje, que con la personalidad tan intensa que tengo me pase algo que no pueda controlar, que me dejen ahí tirada en el bosque o ahogada en la playa, o que se yo. Si quieres que te tome, ponme a las personas correctas en el camino y lo haré.

Y así empecé yo también a poner de mi parte, hablé con una amiga para vernos para mi cumpleaños y hacerlo juntas porque ella también escuchaba el llamado de la medicina, luego de esa llamada una pandemia colapsó al mundo durante casi dos años. Adiós medicina, adiós ayahuasca. Pero la abuelita es insistente, no te suelta, no te deja, te va guiando por el camino hasta que la tienes en frente y tienes que presentarte con ella. Y así fue como llegue a Watika.

Cuando hablé por teléfono con uno de los facilitadores me habló del Método Watika, un compromiso de un mes previo a la toma de la medicina, que incluía ayuda psicológica, bio descodificación, yoga, meditaciones, ayunos, dieta, llamadas, música, contención, previa, durante y después de la medicina, me habló del conocimiento de todos los facilitadores, de su filosofía, de su caminar y creció en mi una infinita confianza, tomé la responsabilidad de hacer esto sin saltarme ni un día del proyecto, cumpliendo con todas las tareas, haciendo todas la entrevistas, cuestionándome todo y a todo, llevando el proceso de principio a fin con total y completo compromiso, todo ello sobre todo, porque sabía que solo así sentiría un poco de control sobre lo que pasaría el día de la toma, pensando que siendo responsable mi viaje sería el mejor posible.

Pero hice otro compromiso más. Mi viaje sería solo mío, porque solo yo he tenido las vivencias que he tenido, las carencias, el amor, la desolación, las dudas, las respuestas, el deseo y todas las emociones que existen en todos los aspectos y espectros, así que esta entrada no te va a contar cómo fue mi experiencia con la medicina, esa fue solo mía, sólo para mi entendimiento, para mi viaje, para mi sola. Mi experiencia puede sesgar la tuya, si es que tienes el deseo de contactar con la medicina. Esta entrada habla de lo que pasó después de haberla tomado y lo fácil que fue entonces decidir que si alguien más me ofrecía otra medicina y me preparaba medianamente bien todo iría bien, porque yo puedo hacerme cargo de mi cuerpo y de mis emociones sin ningún problema. Que equivocada estaba.

Todas las medicinas ancestrales, todo lo que nos ofrece la madre tierra viene con una enorme etiqueta que podemos o no leer TÓMESE BAJO SU PROPIO RIESGO.

Cuando el Bufo llegó a mi puerta me encontraba enojada, MUY enojada, pero la ayahuasca me había enseñado a entender de donde vienen mis emociones, como trasmutarlas, como entenderlas y de ahí trabajar con ellas, así que se me hizo fácil llegar con un completo desconocido a hacer la medicina más ponente de todas. EL SAPO.

Mi viaje tampoco es para compartirlo con ustedes, el entendimiento y lo que me dio El Sapo fue solo mío y fue perfecto, pero como toda buena medicina viene con una ENORME cantidad de información que sin una preparación previa, durante y posterior a la toma puede resultar contraproducente.

LO QUE PASÓ:

Hay dos grandes diferencias por supuesto entre ambas medicinas, pero todas te dan lo que necesitas trabajar, te abren caminos que tal vez no estés dispuesto a transitar, pero si hay una contención, repito: antes, durante y después, lo más probable es que tu experiencia termine siendo, no mala, sino, todo lo contrario a lo que esperabas.

Existe una ENORME, GIGANTESCA responsabilidad que se adquiere al tomar estas medicinas, pero una mayor responsabilidad por parte de las personas que las facilitan. Debemos saber el linaje de quien trabaja con nosotros, cómo llegaron a saber lo que saben, por qué están en este camino, cómo va a ser el proceso y por qué, que nos resuelvan todas nuestras dudas, que les investiguemos, que sepamos a groso modo lo que estaremos experimentado y como no lo hemos experimentado antes QUÉ DIABLOS SIGNIFICA!!!???.

La medicina no es un juego, se nos puede ir la vida en ello y esa es una responsabilidad de la que no podemos escapar. Entre más sepamos, entre más trabajemos, entre más investiguemos y pidamos referencias al respecto podremos tener una mejor experiencia.

Seamos responsables de todo lo que ponemos en nuestro cuerpo. Por que si no lo hacemos tendremos que vivir con las consecuencias… para siempre, para bien y para mal.

The Senses

La primera vez que fumé marihuana tenía 22 años, y desde aquella vez tengo contadas tal vez con los dedos de una sola mano el resto de veces que la he fumado. El efecto que tiene en mi es de verdad muy gracioso. Como decimos los mexicanos “se me sube el payaso” y es que me comienzan a dar unos ataques de risa INCONTROLABLES que pueden durar horas. No es algo malo, pero es una experiencia que prefiero que se quede como una que pueda repetirse en pocas ocasiones para poder disfrutarse como debe ser, eso y que en realidad tengo una personalidad intensa que no necesita de mayor ayuda para pasársela bien.

Sin embargo hace unas semanas, estuve de visita en Denver CO. Fui sin mayor plan, a visitar a amigos y resulta que por allá el uso de la marihuana con fines medicinales es legal y hay dispensarios por todo el estado, la persona con la que iba conocía varios de estos lugares y yo tenía muchas ganas de probar un comestible, así que nos decidimos por algo muy pequeño con una baja concentración de THC, una “gomita”, una vez comprado el paquete, salimos del dispensario, y sin más abrimos el paquete para probar, yo debo señalar, soy extremo cobarde para este tipo de asuntos, me imaginé que me iban a pasar muchas cosas y me acobarde de inmediato, pero mi acompañante me aseguró que era una cosa tan pequeña que seguro no sentía nada. Siendo él el experto, me sentí segura, tomé la gomita, la comí y lo primero que salió de mi boca fue un “wow!!! Sabe deliciosa!!!” Y eso fue todo.

Nos dirigimos a nuestro Airbnb y preparamos el carro así como una pequeña maleta para ir a Lost Gulch Lookout, yo me senté en un sillón y pasó por mi mente la primera vez que había probado marihuana y recordé que me daban ataques incontrolables de risa y entonces sucedió… comencé a reírme de manera incontrolable, estaba segura que la gomita empezaba a hacer efecto y cuando entró mi amigo a la habitación me dijo, -Es en serio?, no he sabido de nadie a quien le haga efecto esto de esa manera- y el ataque de risa continuo, cuando subimos al auto, yo ya había perdido todo sentido de la realidad, mi cuerpo se sentía ligero pero mi abdomen me dolía de una manera indescriptible (era la risa) mi lengua comenzó a alentarse y las palabras salían de mi boca con una parsimonia incomprensible para mi. Las ventanas del auto estaban abiertas y mi pelo revoloteaba sobre mi cara pero la lentitud con la que respondía mi cuerpo al impulso de retirarlo de mi cara era tal que cuando por fin lograba tocar mi cara no podía creer lo que sentía, era como si todos y cada uno de los átomos de mi cuerpo eran sensibles y existía un micro espacio entre la piel de mis dedos y la de mi cara. Todo esto me resultaba tan increíble e inexplicable que traté de pedirle a mi amigo me grabara para tener testimonio de lo que me estaba pasando, en mi cerebro las palabras se aglutinaban en inglés pero salían de mi boca en francés, en hebreo, en español, pero el inglés estaba completamente bloqueado, me reía de ello y mi compañero no entendía lo que sucedía, lograba entender cada palabra que me decía en inglés, mi cerebro podía procesarla, contestarla en mi cabeza pero las palabras solo salían en esos otros 3 idiomas y no lograba entenderme.

Para cuando llegamos al mirador, mis piernas no respondían y no podía salir del auto, mi boca estaba completamente seca y en mi cerebro las ideas se aglutinaban; muchas cosas pasaban por mi mente:

  • Esto es normal?
  • Imagínate si hubieras comido un brownie o algo más grande
  • Y si no hubieras estado en un estado positivo en tu vida cómo sería la reacción de tu cuerpo?
  • Por qué no puedo moverme?
  • Por qué mi cuerpo no me responde?

Y entre cada pregunta me reía de todo y nada salía de mi boca más que risas. Obtuve ayuda para salir del carro y sentarme en el mirador, mientras mi amigo revisaba el auto que por cierto,  se había sobre calentado, yo me sentía súper culpable con él al estar en ese estado tan deplorable y no poderle ayudar en ese momento y ser una carga más que una ayuda, cuando trataba de decírselo el inglés sí fluía y entonces me decía, -no, no, no te preocupes, pensé que bromeabas pero puedo ver en tus ojos que estas completamente fuera de ti, disfruta tu viaje-

Y entonces créanlo o no, comenzó un verdadero viaje, me senté en una banca del mirador y esto fue lo que ocurrió:

Frente a mi, se levantaban las montañas y yo comencé a hablar con ellas dentro de mi cerebro, me contaron la cantidad de años que llevaban en el mundo, lo que se sentía ser una montaña, que cayera la nieve sobre ellas y que los árboles crecieran en ellas y me hicieron sentirlo, me contaron también que iba a nevar pronto y debía poner mucha atención a sus cimas. En un instante me volví transparente y permeable y el viento atravesaba a través de mi cuerpo y me podía elevar como un papalote, sentí como cada uno de mis órganos sintió el viento por dentro y luego desaparecían y me fusioné con toda la naturaleza, me sentí el viento, me sentí lluvia, tierra, árbol, agua, fui todos los colores y después ninguno. Perdí por completo el sentido de la gravedad y todo mi cuerpo se elevaba, mis brazos se movían hacia arriba al igual que mis pies y perdí todo miedo, todo dolor, todo sentido porque era una con la naturaleza, fue hermoso, pero en un momento sentí absoluto pánico, no entendía lo que estaba pasando y agradecía los momentos de lucidez donde efectivamente me puse a grabar todo lo que sentía, olía, probaba y pensaba, me perdía por completo y estos momentos de lucidez se apagaban mientras mi cuerpo volvía a entrar en ese letargo, empecé a sentirme incómoda porque me percaté que había gente viéndome, sabía que probablemente se daban cuenta de lo que me pasaba y procuré meditar, cerrar los ojos fue otro viaje completamente distinto. Me percaté que era total y absoluto vacío y ahí me quedé en la inmensidad de la nada, contemplando la negrura, sentí que me quedé ahí sentada contemplando el vacío por horas enteras, perdí todo sentido del tiempo también.

Estaba oscureciendo y nos fuimos, no sé como llegué al auto, no me percaté del viaje de bajada al mirador, no recuerdo nada desde que la gomita hizo su efecto hasta que logré comer habían pasado 6 horas aproximadamente.

El hambre me invadió y comí hasta el cansancio pero mi cuerpo se seguía sintiendo diferente, de repente mi cabeza se tildaba hacia atrás sin que pudiera regresarla al mismo lugar por algunos segundos y pequeños ataques de risa acompañaban a todos los activos de mi viaje en su camino fuera de mi cuerpo, jamás había tenido una experiencia ni medianamente parecida, ni en un sueño, tal vez en una meditación pero por lapsos muy pequeños, esto, es materia de un tejido indescriptible de desmenuzar y fue fantástico. Pero al igual que aquellos ataques de risa que suelen darme cuando fumo, creo que experiencias tan maravillosas como estas no deben ser abusadas, fue, increíble porque fue único y especial y no quiero sobre escribir en esta experiencia tan bella e irrepetible, fue, lo que fue, en el momento que debió de ser, y ahí se quedará, como el día que perdí el sentido de todo para sentirlo todo, con todos los sentidos y en todos los sentidos.

(La foto adjunta fue tomada por mi en el lugar que tuve la etapa más bonita de mi viaje, y las montañas al frente son esas que describo al final del texto, la banca que ahí se ve es donde me senté a experimentar esa experiencia )