#YoTambien #MeToo

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Corrían los últimos años de la universidad, quien me hubiera conocido entonces sabe lo mucho que cambié desde que entré en ella, en el transcurso de ella y cuando salí de ella. La universidad representó para mi el principio y el fin de muchas cosas, relaciones, amistades, pero sobre todo representó el fin de mi inocencia.

Verónica fue tal vez la persona que más me marcó en esta etapa, para bien y para mal. Era una época en la que no existían las redes sociales y en la que todas las locuras que podíamos hacer entonces solo existían en la memoria de unos cuantos y en mi propia mente, en mis propios recuerdos. Lo que pensábamos que era gracioso, desafiante, maduro incluso nos ganó la fama de fáciles, de putas, de locas, un par de chicas, que sin importar la distancia, la hora, el lugar, salíamos de fiesta y no analizamos jamás las consecuencias de nuestras acciones. Curiosamente, y hablo por cuenta propia, a mi no me valió nada sino una pura etiqueta a la que jamás le llegué a los talones. Ciertamente soy una persona con muchísima energía, siempre aguante la fiesta, el alcohol, la locura, sin haberme metido una sola droga, lo único que habitaba en mi era un sentido de aventura con un grado intolerante al aburrimiento, salía y llegaba al siguiente día a casa sólo para volver a salir a la siguiente noche y repetir el ritual ad infinitum.

Una de esas noches, Verónica y yo fuimos a una fiesta en una zona no muy bella de la ciudad, cerca de la UNAM, por la zona de «la bola», había muchas ocasiones en las que en las fiestas ella se me perdía o yo lo hacía y sabíamos bien que al final una nunca se iría sin la otra, pero esta fiesta desde que llegamos no me gustó, no me sentí cómoda, la música me pareció nefasta, la gente, nada, nada disfruté. Habíamos ido a la fiesta porque nos invitó un chico que andaba tirándole los perros a Vero y esa noche se la pasaron pegados como lapas, yo siempre dejaba que ella se divirtiera, tal y como ella me lo permitía a mi, pero cuando una no se sentía a gusto hacíamos lo posible por irnos. Cabe señalar que para la última etapa de la universidad Vero y yo pasábamos por momentos complicados en nuestra amistad, poco a poco nos fuimos perdiendo la confianza, la paciencia y sobre todo el respeto. Así que cuando rondaban por las 6 de la mañana y era la enésima vez que le dije que quería irme me dijo: -pues vete, yo aquí me quedo- y eso hice. Estúpidamente no llevaba un quinto, al ver la hora decidí no hablarle a mis papás e irme caminando a la casa, todas las grandes historias, en su mayoría terribles historias empiezan con un «se me hizo fácil».

Las calles estaban desiertas, caminé y caminé y agarré un cómodo ritmo, pasaba frente a la Aurrerá que está sobre Avenida del Imán frente a Plaza Cantíl venía en sentido contrario a los carros y fue ahí cuando un vocho color azul claro se igualó a mi paso:

-Guapa, a dónde te llevo, qué haces a esta hora tan solita-

Lo ignoré y mi instinto me hizo alejarme, así que crucé la avenida y seguí mi paso, jamás me imagine, que el vocho daría una vuelta en «u» para seguirme, y tontamente le hice las cosas más fáciles, ahora venía caminando en el sentido de los autos que me persiguiera en su carro sería sencillísimo!

Bajó del auto, era un hombre desaliñado, con pinta de albañil o algo así, se acercó a mi y en su caminar noté que traía un cuchillo, el cual acercó a mi cuerpo mientras me tomaba del brazo.

-Te dije hija de puta, que te subieras al pinche carro, yo te llevo golfa!

Supe en ese instante no solo que me iba a violar, supe también que me iba a matar! El instinto de supervivencia se activó y logré zafarme de su brazo, corrí, corrí tanto! Entendí mi error, y crucé la avenida para caminar al sentido contrario de los autos sin mirar a ningún lado más que al frente, escuché como arrancó su carro pero como no podía volver a dar vuelta, entendí entonces que tenía que meterme entre las calles y por obra de un milagro logré perderlo. Todo el tiempo que iba corriendo pensé en mi madre, en mi padre en mi hermano y en la pinche Verónica, la maldije una y mil veces y llegué entonces a una casa, pedí auxilio, me prestaron dinero, subí a un taxi, llegué a casa casi rayando a las 8 de la mañana, lloré sobre mi almohada hasta que me quedé dormida por tal vez un par de horas, mis papás se habían dado cuenta de la hora a la que había llegado y me castigaron, me pusieron a lavar el carro de mi mamá y de mi papá. NO LES DIJE NADA.

Por qué no les dije nada? pensé que iba a meter a Vero en un apuro, pensé que jamás me dejarían volver a salir, pensé literalmente en muchas pendejadas y me quedé callada. Pero a Vero, a Vero le conté todo y saben que me dijo: -Guey se me hace que estas exagerando, NO MAMES, estás aquí y no te pasó nada-

No volví a ser la misma después y el hilo que nos unía como amigas se rompió. Mi amiga, negó el ataque que tuve, lo hizo menos, hizo lo que muchísimas personas hacen ante los ataques a mujeres en nuestro país. Eramos jóvenes, sí, no la estoy justificando, pero ahora, con el pasar de los años me doy cuenta que esto pasa, una y otra vez, que se ha vuelto el pan nuestro de cada día y que seguramente al pensar atrás, la culpable hubiera sido yo, seguro yo lo provoqué seguro, yo lo incité, qué diablos hacía caminando sola a esa hora? por qué no me acompañó nadie? por qué no traía dinero? en fin todas esas excusas que se escuchan cada que una de nosotras es agredida. Por qué? por qué tiene que ser así? por qué me pasó a mi también? #YOTAMBIEN #METOO

 

 

 

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